Inigo and Bruma on the Camino de Santiago

800 km en 31 días para dejar algo bueno detrás

Íñigo Tina, español de 33 años y compañero de vida de Bruma, escuchó una vez una frase que se le quedó grabada: «Tu perro va a conocer el mundo que tú le enseñes.»

Cuando Bruma, una joven weimaraner, llegó a su vida, nunca olvidó esas palabras. El mundo de un perro puede ser pequeño sin que nos demos cuenta: unas pocas calles conocidas, la misma rutina y los mismos lugares elegidos más por costumbre que por intención.

Para Íñigo, se trataba de compartir con Bruma todo el mundo que pudiera.

Así que la pasada primavera partió desde Roncesvalles, en Navarra, cerca del País Vasco, la tierra que considera su hogar, para recorrer a pie los 800 kilómetros del Camino de Santiago, la histórica ruta de peregrinación hasta Santiago de Compostela, en 31 días. Bruma, que ahora tiene cuatro años, nunca iba a ser simplemente una compañera de viaje. Desde el primer momento, fue el corazón de esta aventura única en la vida.

Pasos con propósito

«Bruma me ayudó a convertirme en una mejor persona. Así que yo quería ayudar a otros animales para que pudieran ayudar a otras personas.»

Íñigo llamó al proyecto HUELLAS. Un proyecto de aventura a largo plazo que documenta sus viajes a pie junto a Bruma mientras apoya causas con un impacto real.

El Camino de Santiago marcó su primer capítulo. Esas huellas ayudaron a recaudar fondos para Todos los Caballos del Mundo, un santuario donde animales rescatados pueden, más adelante, ayudar a personas que atraviesan enfermedades, soledad, depresión o momentos difíciles de sus vidas. Inspirado por la idea de que las aventuras pueden tener un propósito, Íñigo entendió el proyecto como un círculo de ayuda, donde una vida puede transformar otra.

«Bruma me ayudó a convertirme en una mejor persona», dice emocionado. «Así que yo quería ayudar a otros animales para que pudieran ayudar a otras personas.»

Ruta de senderismo del Camino Francés
Mapa de la ruta del Camino Francés. Fuente: Eroski Consumer, guía del Camino de Santiago.


Bruma lleva en su mochila el símbolo del Camino de Santiago
Bruma lleva en su mochila el símbolo del Camino de Santiago, la concha de vieira.

Íñigo y Bruma recorrieron el Camino Francés en dirección oeste hacia Santiago de Compostela, atravesando un paisaje donde los peregrinos rara vez caminan solo por la distancia. Muchos llegan cargando con el duelo, la esperanza, las dudas o el deseo de cambiar, con la ilusión de encontrar una nueva versión de sí mismos en algún punto del camino.

Ellos también emprendieron su propia búsqueda. Estaba el objetivo de recaudar 6.000 € para el santuario, el deseo de convertir HUELLAS en un proyecto al que otras personas pudieran unirse, tanto en el propio Camino como a través de internet, y, por encima de todo, esa pregunta silenciosa sobre quiénes serían al finalizar el viaje.

El lenguaje bajo los pies

«La gente dice que nos parecemos mucho», dice Íñigo cuando le preguntan por la personalidad de Bruma.  Haberla criado desde que era una cachorra ha hecho que, tras años compartiendo el día a día, hayan creado un vínculo imposible de pasar por alto. «Me sigue a todas partes. Somos inseparables.»

Ese vínculo resultó ser lo que marcó el ritmo de su vida diaria en el Camino. Íñigo sabía que, si Bruma se lesionaba o se cansaba demasiado, ese sería el final del desafío. «Miraba sus ojos y sabía si tenía que parar o seguir», explica. Caminar un mínimo de 20 km la mayoría de los días durante 31 jornadas, incluso con una perra bien preparada, requiere prestar mucha atención a los controles de salud. «Sé perfectamente si mi perra está bien o no, si necesita descansar o beber agua. Conozco su cuerpo, así que sé si sus axilas o sus almohadillas están bien o no.»

Sin embargo, incluso la compañera que conocía tan bien todavía podía enseñarle algo más durante el camino. Íñigo esperaba largas distancias y calor, pero no las piedras afiladas que hicieron que Bruma cambiara su forma de caminar. El cambio era pequeño, pero lo suficientemente evidente como para actuar. Le puso las Protector booties e inmediatamente notó un cambio en su comportamiento. «Empezó a correr y a mover la cola al instante», dice. Para Íñigo, el alivio no fue solo comprobar que el material funcionaba, sino haber entendido a tiempo lo que ella necesitaba.

Bruma e Íñigo en el Camino de Santiago

A pesar del estrés que sentía Íñigo al cargar con la responsabilidad del proyecto, su capacidad para interpretar cada uno de los pequeños gestos de Bruma hizo que la experiencia fuera más fluida y fortaleció aún más el entendimiento entre ambos. Un día, cuando una fuerte lluvia les sorprendió de repente, Bruma se acercó a él en mitad del camino y permaneció bajo el poncho que Íñigo extendió para cubrirlos a los dos durante 30 minutos. «La miré y fue como decir: estamos juntos en esto», recuerda.

Lo que Bruma hizo posible

La mayoría de las personas que conviven con un perro han comprobado cómo tienen la capacidad de unir a la gente. Despiertan conversaciones, provocan sonrisas y consiguen que desconocidos se sientan como amigos. 
Bruma tenía una forma muy especial de atraer a las personas, y su mochila era, muchas veces, el inicio de la conversación.

Con su Trail quest dog backpack, donde llevaba sus snacks y la protección para sus patas, Bruma era siempre la primera en llamar la atención. Peregrinos y periodistas se detenían para preguntar por su equipamiento, qué llevaba en la mochila, de dónde venían y qué les había llevado a recorrer el Camino. Cada conversación se convertía en una oportunidad para compartir la historia de HUELLAS y la causa que había detrás del proyecto.

Bruma tumbada con su mochila

«Quizá porque iba con Bruma, muchas personas abrieron su corazón», dice Íñigo.

Algunas conversaciones giraban en torno al proyecto; otras acababan derivando hacia los motivos personales que habían llevado a cada peregrino a recorrer el Camino. Muchos caminaban atravesando un duelo, buscando claridad o abrazando un nuevo comienzo. Esas experiencias compartidas creaban una conexión inmediata con HUELLAS y con el propósito del proyecto. Apoyarlo se convirtió, para muchos, en una forma de formar parte del viaje. Como agradecimiento a todas las personas que hicieron una donación, Íñigo prometió convertir cada euro recaudado en una flexión al llegar a Santiago.

Un movimiento se convierte en muchos

Cuando Íñigo y Bruma llegaron a Santiago de Compostela, HUELLAS había recaudado casi 5.000 € de los 6.000 € que se habían marcado como objetivo para Todos los Caballos del Mundo.

Sus últimos pasos los llevaron hasta la Praza do Obradoiro, la histórica plaza situada frente a la Catedral de Santiago de Compostela, donde llegan a su fin innumerables peregrinaciones. Sin embargo antes de dar el viaje por terminado, a Íñigo aún le quedaba una promesa por cumplir: hacer una flexión por cada euro donado. «El objetivo no era hacer yo solo 5.000 flexiones», explica. «Era inspirar a otras personas a hacer algo por una causa solidaria.»

Llegada de Bruma e Íñigo a Santiago de Compostela

Íñigo invitó a las personas reunidas en la plaza y a quienes habían seguido su aventura junto a Bruma a través de internet a moverse por la misma causa. Algunos se unieron a él allí mismo, mientras que otros enviaron vídeos desde distintos lugares, adaptando el reto al movimiento que cada uno podía realizar.

En ese momento, HUELLAS se convirtió exactamente en lo que Íñigo había imaginado. Bruma había ayudado a Íñigo a seguir avanzando. Juntos habían caminado para apoyar a los animales rescatados. Y, por el camino, Bruma había conseguido que muchas personas se sintieran parte de la historia. Al llegar a la meta, esas personas ya formaban parte de ella también.

Las huellas que dejamos atrás

¿Qué clase de vida podemos ofrecer a los perros que nos dan tanto a nosotros?

«Quiero darle la mejor, la más emocionante y la más aventurera vida del mundo», dice Íñigo. Su voz se quiebra ligeramente cuando habla de quién es Bruma para él y de todo lo que la ha visto convertirse. El orgullo no está solo en los 800 kilómetros que recorrieron juntos, sino en saber que, dentro de muchos años, podrá mirar atrás y decir que le dio una vida llena de experiencias.

Eso no significa que todos los perros tengan que recorrer 800 kilómetros en 31 días. Significa que cada perro tiene un mundo por descubrir, y somos nosotros quienes decidimos cuánto de ese mundo queremos vivir junto a ellos.

Para algunos, eso puede ser descubrir un nuevo sendero cerca de casa. Para otros, pasar su primera noche bajo las estrellas, hacer un paseo más largo de lo habitual o, simplemente, dedicar más tiempo a compartir momentos en el día a día.

«Al final, las huellas y las pisadas que dejamos atrás no hablan de la distancia que recorrimos, sino de las experiencias que compartimos juntos.»

Bruma e Íñigo sentados en unas escaleras

¿Quieres descubrir cuál será la próxima aventura de Íñigo y Bruma? Síguelos en Instagram: @inigotina

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